5.1.11

Propósito

Levantas la mirada del suelo y te das cuenta de que todo tiene arreglo. De pronto, es como si un momento de lucidez te pasara por la cabeza y supieras qué debes hacer. En ese momento no te das cuenta, pero las cosas han cambiado para ti. A partir de ahora, nada será igual.

Meses dándole vueltas al tema. Tal vez años. Pensando en cómo hacerlo. Chocando una y otra vez contra el muro. Buscando otra ruta, un desvío, un atajo, un camino que te lleve hasta tu objetivo. Y no hay manera. A veces te parece que todo el resto de tu vida será una búsqueda infructuosa, una lucha encarnizada que sólo se va a cobrar una víctima: tú mismo. Y sin embargo no abandonas. Sigues peleando.

En otros momentos crees que se trata de una carrera contrarreloj. Es necesario llegar a la meta, y tienes que hacerlo antes de que se acabe el tiempo. Si no, tu meta ya no estará allí. Y corres, ya te digo si corres. Aceleras todo lo que puedes, te quedas sin resuello y caes rendido. Pero sigues estando a la misma distancia de tu destino.

Tanto la pelea como la carrera terminan igual: contigo doblando la espalda, apoyando las manos sobre las rodillas y con la vista fija en algún punto perdido más allá de las puntas de tus pies. Derrotado. Hundido. Sin esperanza.

Pero entonces te das cuenta de que aquello que tanto ansiaste ya no es tan importante para ti. Que quizás no merece todo lo que has trabajado por ello y que, sobretodo, no merece que trabajes más. No es que ya no lo quieras, es que te es del todo indiferente. Como dijo Sabina: “No pido perdón, ¿para qué? si me va a perdonar porque ya no le importa…”

Y ahí es cuando la última trompeta suena y caen las murallas de Jericó. Alzas los ojos, das un simple paso adelante, alargas la mano y agarras tu objetivo por el cuello.

Lástima que ya te dé igual.

3 comentarios:

rosapursals dijo...

si, a veces de tanto querer las cosas se acaban aborreciendo...

SRA. SAEKI dijo...

Entonces es que igual no las querías tanto, ¿no? o igual es que hay una nueva meta, objetivo, lucha, búsqueda, o como lo quieras llamar.

Adrian Leverkun dijo...

Si, llega una edad en la que, de repente, todo tiene poca importancia, o tiene la justa, o simplemente se ha variado de objetivo o éste ha quedado eclipsado por otro menos importante pero más placentero.
De todas formas me alegra que lo consiguieras.