27.11.10

Intimismo en el aeropuerto

Una vez más esperando en un aeropuerto. Esta vez es el de Estambul, pero también podría ser el de Moscú, el de Ginebra o el de París. Qué más da. No son más que edificios gigantescos sin alma, poblados de holandeses errantes, donde la única compañía es la soledad.

La luz difusa no acaba de molestar lo suficiente para mantenerme despierto, pero los anuncios de megafonía se encargan con diligencia de esa detestable misión. En el exterior, a la noche aún le quedan varias horas de vida. Algunos vehículos acompañan a los aviones dando vueltas por la pista, en lo que parece más una danza sin sentido que un transporte organizado.

Para dejar de oír los anuncios de los altavoces, me pongo los auriculares y empiezo a escuchar algo de música. Una sensación extraña me recorre el espinazo cuando Kurt Cobain anuncia que va a cantar una canción del primer disco de Nirvana y comienza a sonar el “About a girl” del Unplugged.

De pronto, me siento transportado a mis veintipocos, cuando todavía escuchaba este disco de forma repetitiva, hasta rayar completamente el CD. Aquellos tiempos en los que la vida parecía que me iba a deparar algo totalmente distinto a lo que en un final sucedió.

Era la segunda mitad de los 90 y la resaca del grunge aún se hacía sentir. Con el pelo largo y las camisas de cuadros, la generación perdida seguía en la calle, aunque esta ya pertenecía a unos cuantos maquineros. Yo estaba estudiando ingeniería, frecuentaba la colla de amigos de toda la vida y salía con la chica de mis sueños. Todo parecía encarrilado para integrarme en la más regular de las normalidades: un trabajo cerca de casa, una familia con la que pasar la vida, un futuro seguro...

Pero nada de eso se hizo realidad. Años después, no acabo de comprender cómo he llegado donde estoy ni qué ha ocurrido por el camino. Quizás fue mi carácter, quizás las circunstancias. En todo caso, hoy estoy solo, mi trabajo sigue evolucionando, y ya casi no sé ni donde vivo ni donde estoy. Hace diez años que me encuentro en un periodo de transición que ni siquiera sé si terminará.

Todo fluye a mi alrededor. Quizás lo inteligente sea dejarse llevar por la corriente, a ver dónde me lleva.

9 comentarios:

Gat Bru dijo...

Uno de los sitios donde vives es en mi cabeza.

jeffreyabbot dijo...

Un input:

Nadie dice que esa "normalidad" fuera mejor, y mucho menos segura...

Yuri Zhivago dijo...

Los que viven en la "normalidad" desean la "libertad". Y los "libres" se encuantron "solos" o "perdidos". No es oro todo lo que reluce, ser estable conlleva, en muchas ocasiones, una vida gris. Personalmente, me gusta un poquito de color, sin llegar a una explosión dadaísta.

SRA. SAEKI dijo...

Dejarse llevar por la corriente es no querer tomar decisiones sobre uno mismo. Pero el resultado final puede acabar siendo el mismo tomando decisiones que no tomándolas. Con la ventaja de no sentirte culpable si la cagas.

También vives en mi cabeza :)

George Smiley dijo...

Muy bueno lo de la explosión dadaísta...

En realidad, dejarse llevar por la corriente no es tanto no tomar decisiones sobre uno mismo como no tomar decisiones sobre los demás... Es no querer influir en la dirección de la corriente.

Montse Babí dijo...

Pero no se trataba precisamente de eso? "Life is what happens while you're busy making other plans..."

rosapursals dijo...

Suscribo a Bruno: indudablemente también vives en mi cabeza.
Por cierto, este es el principio de la novela que te pedí en el post anterior? Yo me he quedado con ganas de más en ese flash back :)
Ah! y por mucho que se planeen las cosas a veces la vida va por libre, ya lo sabes.

:)

George Smiley dijo...

Bueno, en primer lugar gracias a todos los que me dicen que vivo en sus cabezas. Solo espero que eso no signifique que consideráis que soy un piojo...

Gat Bru dijo...

jajajajajaja!!!!!