Lleva diez días lloviendo. Prácticamente sin parar. No he visto el sol desde ya no me acuerdo cuando. Y lo peor de todo es que ya ni me molesta.
Van más de dos años y las costumbres ya empiezan a ser inquietantes. No voy a decir que me guste el sitio, porque saldré de aquí en cuanto se me presente la oportunidad, pero al menos ya estoy acostumbrado. Esto me recuerda a las cinco fases del modelo de Kübler-Ross sobre el duelo.
1. Negación: Esto no puede estarme pasando a mí. No es posible que no haya vida en esta ciudad, que el clima sea tan malo y que estos gabachos sean tan cerrados. Sin duda esto va a mejorar rápidamente, sólo es una impresión pasajera.
2. Cólera: Estos malditos gabachos son todos unos .... ¿Cómo se puede llegar a ser tan ....? No me puedo creer que tarden un mes en entregar una p... nevera!!! Pero para qué quiero una nevera, si fuera hace más frío que en el congelador!!!
3. Negociación: A ver si una vez que mejora mi expresión en francés me hacen más caso. Quizás así pueda conseguir una mejor respuesta con los funcionarios. Y quizás con una ropa de más abrigo no tenga tanto frío...
4. Depresión: No sirve de nada hacer el más mínimo esfuerzo. Estos gabachos siguen siendo unos ... El frío me cala los huesos allá donde vaya, me siento solo y abandonado. Para qué voy a intentar nada más, si todo es inútil.
5. Aceptación: Aquí hace frío y llueve un montón, los franceses son cerrados y estoy alejado de familiares y amigos. Las cosas son así y no van a cambiar en breve. Sin embargo, disfruto del tiempo que paso con los míos, aprovecho el entorno en el que vivo tanto como puedo (para hacer deporte, excursiones, etc) y vivo mi vida sin tener en cuenta cómo está el tiempo.
El grado de aceptación al que he llegado es realmente alto. Hasta el punto de que prácticamente me considero tan integrado como se puede estar (o como yo puedo llegar a estar) en esta sociedad. A ello ayuda el hecho de que esté aquí sin solución de continuidad; a veces debo recordarme a mí mismo que sólo voy a estar aquí temporalmente y que en pocos años podría estar en París, en la China o de vuelta a Barcelona.
Alguien me dijo una vez que el tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio. Sigo discrepando de ello, somos nosotros los que debemos mover las cosas. Pero por ahora todo va a seguir igual... o no?
11.11.09
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